Para PacientesPrograma de Aceleración
Cuatro meses de acompañamiento: terapia individual, encuentros grupales y nutrición.
Conocer másY probablemente tampoco empezó con la comida. Aquí te contamos qué miramos, cómo acompañamos y qué puedes esperar de un proceso con nosotras.
Son las señales que más nos repiten las mujeres que llegan aquí. Aparecen juntas y casi siempre en silencio.
Qué vas a comer, cuánto, a qué hora y qué harás después si algo se sale de lo previsto.
No es un acto neutral: es una negociación con consecuencias emocionales.
Probarte ropa, mirarte al espejo o salir en una foto puede decidir cómo te sientes el resto del día.
Cada intento nuevo trae ilusión al principio y la misma decepción al final.
Con otras mujeres, con fotos tuyas de antes, con una versión de ti que nunca termina de llegar.
Como si a estas alturas ya deberías haberlo resuelto tú sola.
Nada de esto es señal de debilidad ni de falta de carácter. Es un patrón conocido, estudiado y con salida.
El foco suele ponerse en lo que comes. Pero eso es la superficie de algo que se construyó mucho antes.
Cómo aprendiste a mirarte y cuánto de tu día depende de esa mirada.
Restringir intensifica los pensamientos sobre comida y la sensación de descontrol. Es fisiología, no debilidad.
Perfeccionismo, autoexigencia y culpa suelen mover el ciclo desde detrás.
El programa es un proceso completo y estructurado. La terapia individual es un espacio más flexible. Si no sabes cuál te corresponde, escríbenos y lo miramos juntas.
Sin formularios largos ni compromisos antes de tiempo. Primero conversamos.
Paso 1
Cuéntanos dónde estás y qué has intentado. No necesitas tener las palabras exactas ni un diagnóstico.
Paso 2
Una conversación para entender tu situación y responder lo que necesites saber. Sin decidir nada ahí mismo.
Paso 3
Si creemos que este no es el lugar para ti ahora mismo, te lo diremos y te orientaremos hacia dónde sí.
Las que más nos llegan antes de dar el primer paso.
No. Una parte importante de las mujeres a las que acompañamos funcionan bien en su trabajo, en su familia y en su vida social, y aun así llevan años con una batalla interna que nadie ve. El sufrimiento no necesita ser visible para ser real.
Que no habrás fallado. Las recaídas forman parte de cualquier proceso de cambio psicológico y son información, no una prueba de que no puedes. Buena parte del trabajo consiste precisamente en dejar de leerlas como una sentencia sobre tu carácter.
Vamos a hablar de tu relación con él: cómo lo miras, qué te dices, cuánto espacio mental te ocupa. No vamos a evaluarlo, medirlo ni proponerte cambiarlo.
En muchos casos sí. Cuéntanoslo desde el principio y lo miramos contigo. Lo que no hacemos es sustituir un proceso en curso sin hablarlo antes contigo.
No. Cuidarse y castigarse no son lo mismo, aunque muchas veces hayan aprendido a confundirse. El trabajo va justamente hacia poder cuidarte sin que eso te exija vigilancia constante.
No. La mayoría de las mujeres que acompañamos llega después de mucho tiempo, y ese tiempo no juega en contra: significa que ya sabes lo que no funciona. Lo que cambia no es tu capacidad, es el enfoque.
En los espacios grupales se comparte lo que cada una quiera compartir, y no hay ninguna obligación de hablar. Si el grupo te resulta inabordable ahora mismo, la terapia individual es un buen punto de partida.
Escribiéndonos. Es la pregunta que más nos llega y no tiene una respuesta general: depende de tu momento, de tu disponibilidad y de qué necesitas ahora. Lo miramos contigo antes de que decidas nada.
¿No encuentras lo que buscas? Escríbenos
No tienes que llegar con todo claro ni con las palabras exactas. Escríbenos y te respondemos nosotras.
Si tu situación requiere atención sanitaria presencial y especializada, te lo diremos con claridad y te orientaremos.